Siguiendo con las recetas que se hacían en mi casa no puedo no compartir esta, que sigue siendo casi una obligación cada Navidad. Reconozco que he caído y seguiré cayendo en la tentación de hacer otro panes y queques de Navidad, pero éste tiene gran éxito siempre y por supuesto, para mí, el sabor de la infancia. Prometo para la próxima entrada mi pan navideño integral sin azúcar y de bajo índice glicémico, pero ahora vamos con estos recuerdos:
Mamá recibió esta receta de una amiga escocesa de las tantas que llegaron a la Patagonia acompañando a sus maridos a trabajar en las estancias ganaderas, esas mujeres trajeron su forma de vida, sus costumbres y por supuesto su cocina.
Ya para septiembre comenzaban los preparativos, el queque debía tener ¡tres meses de descanso! antes de que pudiéramos abrirlo y saborearlo, cuando vean los ingredientes entenderán por qué era necesario dejar descansar todo ese tiempo los queques, un solo kilo de harina para seis unidades y muuuuchos frutos secos y confitados.
En tiempos en que no había papel metálico o bolsas selladas para conservar los alimentos, mamá se las ingeniaba para poner cada queque en una lata parecida a las de la foto, recordará quizás alguien que lea esto, que la marca de galletas que aquí aparece sacó por los años cincuenta una serie de tarros de color rojo con unas espigas, que nunca volvió a repetir, en vez de las galletas tamaño normal que conocemos ahora, cada galleta era del tamaño ¡de un plato de postre! desgraciadamente no conservé esas cajas, pues con el tiempo perdieron su forma y el hermetismo necesario, por suerte la compañía de galletas volvió a sacar una nueva edición hace unos veinte años y estas son las que yo uso hoy.
Aquí dentro, por tres meses se guarda un tesoro que todos los niños quieren probar antes de tiempo, desgraciadamente no se puede, pues se desmoronan y no tienen ni la mitad de su sabor y textura. Creo que de alguna forma con esta espera nos enseñaron a cultivar la esquiva virtud de la paciencia.
Receta para 6 queques: ¡no vale la pena hacer el esfuerzo por menos!, pero a veces hago sólo "media receta".
1 kilo de azúcar
1 kilo de mantequilla
1 kilo de harina + 150 grs.
2 cucharadas de polvos de hornear
18 huevos
1/2 kilo de higos secos
1/2 kilo de pasas sultanas
1/2 kilo de pasas corinto
1/2 kilo de fruta confitada surtida, con mayor cantidad de limón, de "Kunica y Coro" (*)
1 cucharadita de sal
2 cucharaditas de allspice
2 cucharaditas de gengibre en polvo
2 cucharaditas de clavos de olor en polvo
2 cucharaditas de canela
6 tajadas de piña en almíbar
1 taza de guindas en almíbar (cherry kiss)
1/2 taza de ron
Como que es mucho trabajo se puede empezar el día anterior picando todas las frutas que se integran con los 150 gramos de harina. También se puede dejar cernida la harina con las especies.
Se deja la mantequilla a temperatura ambiente y se bate bien con el azúcar con cuchara de madera, enseguida se agregan los huevos uno a uno, y luego se va agregando la harina con las especies, finalmente las frutas y el ron, revolviendo nuevamente con la cuchara de madera.
Se forran 6 moldes de pan con papel de mantequilla enmantequillado, dejando papel hacia arriba del molde, se pone la mezcla y se hornean por 4 1/2 horas en horno templado (140 ºC/280ºF). Se sacan del horno, se dejan enfriar dentro del molde y se envuelven en el mismo papel de mantequilla en que se cocinaron y se guardan en cajas herméticas por tres meses.
(*) Kunica y Coro: se pronuncia "Kuniza y Coro": era un almacén enorme que había en Punta Arenas y que traía los mejores productos alimenticios de todo el mundo, creo recordar que allí se guardaba el azafrán en la caja fuerte.
Nota: Ya no es tiempo de hacer este queque para esta Navidad, pero si alguien quisiera hacerla para el invierno por ejemplo, creo que es buena idea. Los amigos del hemisferio Norte se estarán preguntando qué hacemos en pleno verano comiendo semejante cantidad de calorías, bueno, la celebración de Navidad, como tantas otras cosas, las copiamos de Europa.